La carretera que une Otranto con la massería Autigne transporta a quien viaja por ella a otros tiempos. A una Italia natural y viva. Quién diría que, tan sólo diez minutos en coche, podríamos despedirnos de la costa de Lecce y no echarla de menos. A lo lejos, descubrimos una casa solariega. Por sus formas, creemos que del siglo XVIII, dato que nos confirman más tarde. Nos recibe con las paredes blancas, impolutas. Y con las puertas abiertas.

Y es que, este palacio, queda en la mente del visitante para siempre. Si no es por su distribución impecablemente realizada, es por los caballos que pastan como si el tiempo se hubiera detenido en algún momento del siglo pasado.

tumbonas de aluminio

Las curvas de nuestra tumbona Curve desafían a las que hacen las bóvedas de las estancias. Desafían a la gravedad a través de la ingeniería antigua. Mas simplificadas, estas formas también las observamos en los arcos que nos acogen y que hacen que las puertas sean casi innecesarias para dar el toque señorial.

Y, por si en alguna ocasión, olvidamos el lugar en el que estamos, los árboles reflejados en la superficie del agua de la piscina nos lo recuerdan. El viento forma figuras imposibles de capturar en una fotografía pero, aun así, nos volvemos a España con la imagen de nuestros muebles de jardín reflejados en sus aguas.